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Signo de puntuación de la ironía

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Posted by Alejo Cava | Posted in , | Posted on viernes, marzo 26, 2010

Grandes lectores y queridos amigos:

A algunos escritores franceses no les bastó con la fina prosa de su lengua y se les ocurrió la interesante y útil؟ idea de proponer un signo de puntuación para la ironía. Dicho signo es el mismo que el medieval signo percontativo utilizado para marcar frases retóricas. ¿No están familiarizados con dicho signo? No importa, tomen un signo de interrogación y gírenlo 180 grados sobre su eje vertical.




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Ahora bien ¿cuál sería la utilidad de dicho signo? Pues marcar intencionalmente las frases que son irónicas, sin embargo tengo dos objeciones al respecto: la primera es que marcar la ironía explícitamente de la frase ¿no sería matar la misma ironía? Justo la posibilidad de que el receptor no obtenga el mensaje es parte de la belleza de la ironía, cuando eso sucede y si la conversación es exclusiva de dos, el único que supo lo que sucedió fue el hablante, lo cual le genera un sentimiento doble de victoria y estupidez, pues sin duda logró burlarse de su adversario pero sin que nadie pueda reconocerlo. En el caso de nuestro signo de puntuación la ironía sería siempre evidente y de manera pública, no habría manera de que un escritor salga bien librado de una burla. A menos de que hiciera un trabajo de ironía tan fino que hiciera juegos complejos de ironía múltiple y simultánea.

Mi segunda objeción es que ni Platón ni Montaigne ni Lichtenberg o Kierkegaard echaron de menos un recurso de esta categoría, vaya Platón ni tenía signos de puntuación. ¿Por qué habríamos de necesitarlo nosotros? Más aún: ¿no serán tantos recursos ajenos al contenido de la escritura los que nos han perjudicado nuestro sensus ironicus? Se dice que la entonación es una parte clave para comprender un comentario irónico y sin embargo Sócrates se da a entender muy bien en los diálogos platónicos. Incluso el divino maestro se avienta varias aseveraciones irónicas, especialmente en el evangelio de Juan, por ejemplo ante un Nicodemo apantallado en Jn 3, 10 le dice: ¿tú eres maestro en Israel e ignoras estas cosas? o en 10, 31 ante una turba: ¿por cuál de las cosas buenas que he hecho por ustedes quieren apedrearme?
Incluso en nuestras vulgares conversaciones de internet contamos con algunos recursos para marcar nuestra ironía: las famosas comillas, el anglófono; "...not!" o incluso "emoticones" que expresan sentidos contrarios a lo dicho, el signo de admiración entre paréntesis (!) se usa a veces y es válido para denotar sorpresa, admiración o ironía.

Para qué necesitaríamos nosotros un signo así, si ni la grandes plumas como las citadas ni los adolescentes rabiosos han extrañado este recurso. Un posible caso donde podría usarse, es ante lectores inadvertidos, sin duda se podría ser irónico con carta de libertad, pero al precio de ser un cretino al no revelar el uso de tan particular puntuación.

Dicho todo esto, me he quedado sin momento alguno en el que el signo pudiera ser útil, quizá algún lector pudiera imaginar alguno. Momento, creo que he encontrado una excepción, un único caso en el que el signo pudiera ser útil, y es el siguiente:

El signo de puntuación irónico es una brillante propuesta, durante siglos hemos adolecido de una manera correcta para expresarnos en esos términos y millares de autores han echado de menos su aparición pues no tuvieran manera alguna de expresarse correctamente. Desde que fue inventado en el siglo XIX todas aquellas personas que no lo han utilizado se han perdido de una de las mayores contribuciones ortográficas de la historia y es indispensable que extendamos su uso a todas las escrituras del mundo؟

Leave it to Lamas: el reality de Lorenzo Lamas

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Posted by Alejo Cava | Posted in , | Posted on lunes, diciembre 14, 2009

¿Se acuerdan cuando las celebridades de categoría B empezaron a sacar sus reality shows familiares y de hecho era entretenido verlos? The Ousbournes se acabó hace como cinco o seis años, y ahora cada uno de los integrantes se mueve fuera y lejos de dicho formato que los puso en el mapa. Sharon tiene negocios, Jack adelgazó, Kelly casi ganó Dancing with the Stars haciendo una destacada actuación para su personalidad tipo Tom Boy y Ozzy sigue igual, gritando: "Shaaaaaron." Incluso Hogan agarró el final de la ola y se alcanzó a subir, logrando posicionar a su hija Brooke en los medios de la farándula. Sin embargo ese show duró poco tiempo, quizá porque el mismo Hogan aceptó que la modita había terminado. Incluso las conejitas de la mansión Playboy tuvieron un buen rato haciendo su show, y nos mostró una faceta más realista del octogenario y famoso Hugh Heffner.
El único que no se enteró de que los realities domésticos se murieron a la mitad de la década fue Lorenzo Lamas. Si usted no sabe quien es Lorenzo Lamas usted no veía la tele de los ochenta. Actor de telenovela y de películas malerrimas, el doblaje mexicano de los Simpsons solía burlarse de él, aunque en realidad (en este clip) lo confundían con Richard Simmons por alguna extraña razón.




En breve el señor Lamas representa lo más "Tacky" de Hollywood, el patán por antonomasia, macho de inteligencia neutral, que maneja motocicleta dentro y fuera de escena, su personaje es ser sí mismo. Por supuesto que Lamas ha sido nominado a los Raspberry Awards (los anti-oscares) como peor actor por la película Body Rock. Quizá su mayor logró fue interpretar a Reno Raines en la serie Renegado, un clásico de las noches del canal 4. El señor se ha casado y divorciado en cuatro ocasiones, dejando senda prole, de la cual solo un hijo, una hija y una ex-esposa aparecen en su nuevo reality. ¿Qué gusto, creatividad o imaginación puede tener el señor Lamas? No el suficiente para predecir que es un segundón a la hora de aparecer en un Reality, vi dos episodios en E! y con eso me bastó. En el show ni siquiera convivió con los hijos, al parecer los verdaderos protagonistas de la historia. Los meninos, son la clásica basura de hollywood, salen a parrandear y no parecen estar interesados en estudiar o trabajar. Ni siquiera perecen tener gusto en sus amistades o lugares que frecuentan. Son como el resto de los hijos de los famosos de los otros realities, solo que peor. Usted puede pensar entonces que este show es tremendo material para humor involuntario: se equivoca. Está tan asimilada la noción de familias de Hollywood egocéntricas y maniacas, que esto solo es un intento más de revivir viejas carreras y viejos formatos. La producción del programa quiere sugerirnos esto pero fracasa rotundamente. Su patetismo es evidente, y aunque ustedes no lo crean sí me sirvió para algo; para confirmar que los realities familiares están efectivamente terminados.